viernes, 27 de marzo de 2015

EPILOGO

    Como preludia el enunciado superior nos encontramos ante la parte posterior al final de la historia que, como su autor, espero te haya trasladado por horas, días, semanas o meses a un nuevo mundo que se quede en ti pasados los años. A un lugar donde hayas respondido a preguntas que podías ni haberte planteado, pero de las que hayas obtenido las respuestas para afrontarlas llegado el caso.
    Con la ayuda del protagonista espero que te hayas evadido con esta obra, sumergiéndote en su vida y, como él, aprendiendo a ver más allá de lo que tus ojos ven, encontrando tu lugar en el mundo, o reflexionando con la sabiduría de las páginas que preceden a este epílogo.
    Por si eres como yo, y a veces tienes la tentación de mirar aquí por la necesidad de sentirte un poco más conocedor de la historia para el momento de estar enfrascado en su lectura; escribiré aquí de tal modo para no revelar ningún secreto de necesidad obligatoria por conocer en la historia principal, a excepción de una pequeña anotación que consideré necesaria reservarla para este lugar, dejando la incertidumbre de esos personajes en la obra. El resto de detalles que se añaden aportan una información extra que en caso de conocer antes no afectan en absoluto a la historia por descubrir.
    Cuando nació la idea de ponerme a crear esta obra literaria sabía que quería contar la historia de un joven soñador que, como yo, tuviera pasión por las cosas y pusiera el corazón y el alma con lo que hacía como yo haría al escribirla.
    Pero me dejé embarcar frente al desafío de las hojas en blanco, siendo el primer lector que tenía que asombrarse, que reflexionar y que disfrutar con cada página que se sumaba; y así me fui sorprendiendo yo mismo con el resultado y cómo fluía la historia que —eso sí tenía claro desde el principio— debía desarrollarse en un lugar en cierto modo desconocido y abandonado por la falta de publicidad de sus numerosos encantos.
    Fue en parte este el mismo motivo que ya en 1999 (creo) me llevó a crear un poema que tengo el gusto de compartir contigo, como homenaje añadido del libro a donde se desarrollan principalmente los acontecimientos.

         ¡Oh, Castilla de mis honores!
         Amores, sinsabores;
         dulce, tierna, vigorosa,
         fría, cálida, suave y hermosa.
         ¡Oh, Castilla de mis amores!
         Por qué no me muestras tus sabores.

    Espero que, una vez leído el libro, tengas «la fortuna» de visitar la maravillosa comunidad de Castilla y León y a sus gentes que, con un corazón tan digno como su tierra natal, estarán encantados de recibirte, y esperando en cierto modo dejarte enamorado de sus tierras para volverte a ver en ellas, respetándolas tanto como ellos.
    Aprovecho esta ocasión para decirte que, si comienzas algo,
no abandones por difícil que sea el camino. Que debes luchar,
afrontar, soñar y ser fiel a tu fuerza interior. Y durante el camino debes disfrutar, reír, saltar de alegría o llorar si es necesario, pero no te dejes vencer porque la fuerza interior que hay en ti es una de las fuerzas más grandes que hay en el universo. Créetelo…
    Y para ir terminando, pues en algún momento he de hacerlo, aunque tengas en tus manos un pedacito de mí, decirte que espero que no solo me leas una vez en esta obra —en la que confío estén en ti las ganas de releerla varias veces (e incluso subrayarla tanto como gustes para tener visibles más fácilmente muchas de las importantes frases que en ella hay)—, sino que también quiero invitarte a que conozcas las nuevas obras que publique en el futuro.
    Ya solo me queda exponerte a continuación unas anotaciones referentes a datos del libro:

              <<Continuación en el libro>>

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